Azcón, sin proyecto para Aragón

Este domingo Jorge Azcón ha concedido entrevistas a los dos principales periódicos de Aragón para explicar cómo va a ser su nuevo Gobierno. Lo ha hecho con respuestas condicionadas, medidas y por qué no decirlo, incoherentes con lo firmado con su socio, con Vox. Respuestas en las que de lejos se huele una incomodidad de fondo. La de un presidente atrapado en un pacto que necesita para gobernar, pero que no responde a una idea clara de proyecto para Aragón.

La conclusión, tras leer ambas entrevistas, es clara. Tienen mayoría. Tienen Gobierno. Pero no tienen proyecto para Aragón. Y tienen, además, un problema político de fondo. Un Partido Popular atrapado entre su aspiración de parecer un partido de Estado, qué lejos queda eso, y su decisión de gobernar asumiendo parte del marco discursivo de la ultraderecha. Y es que, en palabras de su colega Moreno Bonilla, entre el lío y la estabilidad, Azcón ha elegido de cabeza lo primero.

Hace apenas unos días vivimos el debate de investidura en las Cortes de Aragón. Allí constatamos lo evidente. Las elecciones del pasado 8 de febrero, convocadas por Azcón siguiendo la estrategia nacional de Feijóo, las ganó el Partido Popular. Sí. Pero las ganó dejándose dos escaños por el camino y aumentando todavía más su dependencia de Vox.

Azcón se pasó toda la campaña diciendo que quería una mayoría suficiente para no depender de Vox. Pedía más fuerza para gobernar con autonomía. El resultado de aquel adelanto electoral ha sido exactamente el contrario. Menos PP y más Vox. Menos autonomía y más dependencia.

Ese es hoy su principal problema. No tiene el Gobierno que quería. Tampoco el que prometía antes de las elecciones. Tiene el Gobierno que le permite Vox. Y, en vez de asumir el error y valorar el mensaje de las urnas, ha decidido entregarse todavía más a quienes ahora tienen la llave de su estabilidad.

Por eso, al leer las entrevistas de hoy, la pregunta es inevitable. ¿Cuál es el proyecto para Aragón?

Porque sí, tienen mayoría. Sí, tienen Gobierno. Pero ¿para qué? ¿Con qué horizonte? ¿Con qué prioridades? Aragón tiene hoy un presidente que no puede moverse sin mirar antes qué opinan el señor Nolasco y Santiago Abascal.

Luego está la gran herramienta política de Azcón. El comodín del Gobierno de España. Cuando un asunto le incomoda, cuando las contradicciones con Vox son demasiado evidentes o cuando no hay una respuesta de Gobierno mínimamente solvente, aparece siempre la misma carta.

Le preguntan por energía, comodín del Gobierno de España.

Le preguntan por medio ambiente, comodín del Gobierno de España.

Le preguntan por vivienda, comodín del Gobierno de España.

Y vamos a ver esta estrategia muchas veces. Cuando no hay proyecto propio, siempre queda el comodín. Cuando no hay propuesta, siempre queda el reproche. Y cuando no hay respuesta, siempre queda el ataque al adversario político.

Especialmente preocupantes son las respuestas sobre los temas sociales, básicos y competencia directa del Gobierno autonómico. Ahí Azcón se mueve entre dos fórmulas. “Estamos haciendo estudios” o “si no les gusta, lo siento, hemos ganado las elecciones”. Una forma muy pobre de responder a cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana de miles de aragoneses.

En educación, por ejemplo, hablan mucho de libertad de elección. Pero olvidan algo esencial. Sin igualdad de oportunidades no hay libertad, hay privilegios. Gobernar no consiste en convertir los derechos en un mercado ni en confundir la defensa de lo público con una molestia ideológica.

Ojalá la lectura de estas entrevistas hubiera sido más rica. No será por falta de buenas preguntas. Pero las respuestas nos devuelven a lo mismo de siempre. Reproches, excusas y una preocupante ausencia de rumbo. Una parálisis que solo parece romperse cuando toca anunciar privatizaciones o abrir nuevos frentes ideológicos.

Los meses pasan y Aragón sigue sin una hoja de ruta clara. Tienen Gobierno, consejeros, cargos y pactos. Pero no tienen una idea de futuro para Aragón. Lo que sí tienen es un Ejecutivo nacido de la desconfianza mutua, sostenido por la necesidad y condicionado por una extrema derecha que marcará el paso cada vez que pueda.

Esa es la incomodidad que atraviesa todas las entrevistas. Un presidente que quiere parecer dueño del rumbo, pero que no gobierna con plena autonomía. De hecho, mientras Vox quiera, será el copiloto de un vehículo que, sinceramente, no sabemos dónde va.

A partir de ahora, todos los domingos por la tarde compartiré con vosotros, con quienes tengáis ganas de leerme, aquellos apuntes políticos que me parezcan reseñables. Porque frente al ruido, conviene mirar con calma. Y frente a la propaganda, conviene hacerse siempre la misma pregunta. ¿Qué proyecto hay detrás?

Hoy, la respuesta es clara. Ninguno.

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